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sábado, 13 de junio de 2009

El deseo o la dimensión social de la tecnología

/.../la máquina técnica para Deleuze/.../toma a los hombres y a las mujeres conviertiéndolos en parte de sus engranajes/.../Esto explica por qué las tecnologías, como para Foucault los aparatos de poder-conocimiento, están localizados "justo dentro de la sociedad"

Hoy la economía política es ya economía libidinal, dinámica del deseo. El sujeto es un elemento periférico, rotatorio, en torno a un centro habitado ya sólo por el placer y la ansiedad. Placer como el entregarse al funcionamiento tecnológico, un rendirse al arrastre, como un engranaje más que se pone en rotación acompasada, y que adquiere su punto más álgido dentro del fluir de lo medial.

El zapping, o el perderse en Internet como entretenimiento no es la acción de la fractura de la linealidad necesitada por el discurso, sino la de su verdadera continuidad, el verdadero gesto de la desaparición y de la renuncia al sentido, el definitivo gesto del abandonarse activo. Es esa continuidad la que mejor permite la consecución de la deseada indiferencia o de la detención del pensar, con su correspondiente dinámica (el movimiento no sigue ninguna particular trayectoria, no persigue ninguna negociación), y que, en su conjunto, constituye, seguramente, la más alienante modalidad de expectación.

/…/nuevas prácticas y dinámicas de deseo (y no nuevos objetos de deseo) son las que imponen nuevas formas de relacionalidad/…/También medios más antiguos como la televisión han sabido muy bien hacer que sus espectadores no sean ya sus consumidores o usuarios, sino el espacio de su propia existencia, engranajes exentos donde producirse. Los medios no son más elementos de uso, sino que integran ahora las propias estructuras del habitar y de la producción de significados.

La tecnología no colabora en la acción del vivir sino que es el lugar donde ésta se desarrolla. La automatización crea, a diferencia de las fases anteriores de industrialización, “roles para la gente”/…/Siempre se intensifica la atención a los procesos, a las dinámicas, y no a los mensajes, o a sus contenidos.

El deseo, sin embargo, es un sistema cerrado, como el amor para Beckett, según lo definiera Deleuze/.../en el que el asunto principal no es la persona amada sino que la búsqueda siga adelante, que la máquina se mantenga funcionando, girando, y en el que el objeto del amor tan sólo actúa como mero pretexto para su continua operación.

En los ensayos de Deleuze sobre Beckett se encuentran interesantes ideas que relacionan deseo, libertad y tecnología. Una vía basada, precisamente, en los elementos que caracterizan los procesos básicos de la computación: la práctica combinatoria y la permutación matemática/…/del “hombre tecnológico/…/donde el entorno deviene personalidad y el destino del individuo es decidido por adelantado”

Juan Martín Prada
(fragmento, para el texto completo ver enlace)

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